martes, 19 de noviembre de 2013

La sociedad anónima cerrada: Reserva Nacional Pacaya Samiria, a su orden







En la Reserva Nacional Pacaya Samiria (RNPS) se impulsa con gran éxito el uso responsable de la diversidad biológica, luego de un largo trabajo de conservación, manejo de recursos naturales y mejora de la calidad de vida de muchos peruanos.

Escribe: Enrique Angulo Pratolongo
eangulopratolongo@gmail.com

El año 2013 va a quedar grabado como un año histórico para la RNPS y por qué no para la conservación en el Perú. Mediante la firma de los contratos de aprovechamiento, se ha podido sellar con broche de oro casi veinte años de trabajo en este paraíso amazónico. Un paso fundamental en todo esto ha sido reconocer que los pobladores que viven dentro de la reserva y en su zona de amortiguamiento ya dejaron de hacer un uso de los recursos naturales para su supervivencia; y ahora lo hacen para generar dividendos económicos sin dejar de lado el norte de todo esto: proteger el medio ambiente.

Esta premisa que parece ser sencilla engloba todo un largo y complejo proceso de cambios, aprendizajes, esfuerzos y compromisos. Entendamos primero qué implica la firma de estos compromisos con el Estado. Cada contrato involucra a un GM al que se le asigna (a mediano plazo) un espacio determinado dentro de la Reserva para que en él puedan extraer recursos naturales (generalmente Taricayas, Arahuanas y Paiches) con el compromiso adicional de controlar y vigilar el entorno, apoyando así a los Guardaparques del SERNANP. Adicionalmente, los GM deben pagarle al Estado (al SERNANP) un monto determinado por cada ejemplar de, por ejemplo, Taricaya que obtengan. Así, están aportando también a la protección y manejo de otras áreas naturales protegidas en el país.



Para esto, los GM deben elaborar un Plan de Manejo (con el apoyo técnico especializado) para cada recurso a utilizar, el cual incluye diversos criterios técnicos —producto de un arduo trabajo científico y práctico— que aseguran que la especie mantenga poblaciones saludables en la Reserva. Por ejemplo, se determina, en base al número de crías de Taricayas obtenidas tras la incubación artificial, cuántas deben ser liberadas, cuántas pueden ser comercializadas y cuántas pueden formar parte de la dieta alimenticia de las familias que conforman el GM. De esta manera se crea una sociedad sumamente interesante: los pobladores locales cuidan y acceden a los recursos naturales; y el Estado aprovecha el apoyo local para mejorar la gestión de la RNPS. Todos salen ganando.

Otro de los beneficios generados tras la firma de los contratos de aprovechamiento es que los GM están legalmente constituidos e institucionalizados y pueden sentarse en la mesa de negociación para obtener mejores condiciones con las empresas que compran sus recursos. Es decir, ya no se trata de acuerdos verbales como cuando eran tan solo un grupo de personas que tenían que estar renovando anualmente sus permisos de extracción. Por ende, los GM están en la faculta de otorgar facturas, tienen su Registro Único del Contribuyente (RUC), manejan directamente sus finanzas y están capacitados para negociar y decidir con quiénes trabajar y a quiénes vender sus productos.

Conservar, conocer, manejar, vender y ganar platita conservando
Para llegar a lo anterior se ha tenido también que remar muchas veces contra la corriente, pues muchos pobladores locales, miembros de los GM, han tirado la toalla y han abandonado estos esfuerzos por diversos motivos. Así por ejemplo, los bajos precios que recibían por los recursos, la competencia (ilegal o legal), los enfrenamientos con las personas que actúan al margen de la ley, la búsqueda de nuevas maneras de obtener dinero rápido o la simple desidia, motivaron a muchos a bajarse del coche. Pero felizmente, hubo otros que continuaron, pese a algunas desavenencias. Una de ellas fue, por ejemplo, el establecimiento de cuotas bajas de aprovechamiento en los Planes de Manejo.

Es decir, en algunos casos, los pobladores no podían sacar más recursos de lo estipulado en su Plan de Manejo. Esto no era por capricho, sino que dichas cuotas respondían (y siguen respondiendo) a los resultados de los estudios técnicos que se hace para recuperar la especie y poder aprovecharla mejor a largo plazo. Así, en los últimos años, la cuota de extracción, en el caso de la Taricaya por ejemplo, ha aumentado, justamente porque la especie se ha podido recuperar. Es decir, se ha logrado conservar a la especie en la zona, por lo que ahora se puede extraer más ejemplares para ser vendidos.



Vayamos al inicio. Cuando se empezó a trabajar en la RNPS, lo primero que se debió hacer fue centrarse en algunos recursos de importancia económica, tales como los ya mencionados y otros de origen vegetal como el Aguaje y la Tagua (Yarina), también conocida como marfil vegetal. Una vez identificados, se hizo diversos estudios técnicos para conocer todo lo referente a cada una de las especies, con el fin de elaborar sus respectivos Planes de Manejo. Claro, este proceso demora y mientras tanto, las poblaciones locales pueden pensar que no se avanza, pero felizmente pudieron entender que esta etapa requería de tiempo. Finalmente, todo esto fue una buena inversión que ahora da frutos.

Ya con la información científica y técnica procesada, más la incorporación de los saberes tradicionales y del valioso aporte de los pobladores locales, se elaboró los Planes de Manejo para las diversas cuencas hidrográficas que conforman la RNPS. De esta manera, los GM fueron capacitados en el manejo de los recursos naturales para que ellos se conviertan en los artífices de la conservación y en los pioneros en el uso y manejo de una parte de la gran diversidad biológica que alberga la “Selva de los Espejos”.

Posteriormente, ya con el conocimiento y la práctica adquirida, se ingresó a la compleja etapa de vender lo obtenido a buenos precios. Para ello se ha tenido que realizar algunos estudios de mercado, sellar alianzas comerciales con empresas, invertir dinero en publicidad y tomar medidas para superar diversas barreras, tales como el transporte hacia el destino final, el almacenamiento y otras de orden logístico. Lo que se desea finalmente es no tener que vender lo obtenido a muy bajo precio y asegurar un mercado sostenible en el tiempo.

Para llegar a que se cristalice este arduo y largo proceso en los contratos de aprovechamiento, ha sido de mucha ayuda contar con el apoyo técnico de ProNaturaleza – Fundación Peruana para la Conservación de la Naturaleza, de la cooperación internacional y de otras organizaciones no gubernamentales para sacar este emprendimiento a flote. Asimismo, se ha debido trabajar muy de cerca con las poblaciones locales; con el Estado, representado en este caso por el SERNANP y por el Gobierno Regional de Loreto, a través del Programa de Conservación, Gestión y Uso Sostenible de la Diversidad Biológica y de la Dirección Regional de Producción; así como con la Sociedad Civil, representada por las ONG, universidades y empresas.



Capacitación, educación y empuje para cerrar el círculo
Dos de los pilares fundamentales en los que se sostiene el éxito de este gran trabajo en la RNPS han sido la capacitación y el traspaso de capacidades a los grupos humanos, así como la educación ambiental. Y es que una de las maneras de “invertir” en las poblaciones locales es “dejando” conocimientos para los cometidos ya mencionados y para otros fines. En este caso, todo aprendizaje aporta a la búsqueda de mejores opciones de desarrollo acorde con la realidad de la zona. Por ejemplo, en las capacitaciones destinadas a formalizar a los GM se incluye conocimientos sobre administración, contabilidad, redacción y otros que sirven para su labor como grupo, pero también para el día a día en cualquier otro emprendimiento que realicen. No olvidemos que otro de los pilares fundamentales es la necesidad de organizarse en grupos.

En cuanto a la educación —entendida como un proceso que va más allá de capacitar a una persona para un fin determinado, es decir, cambiar actitudes—, ha sido duro convencer a los pobladores locales que deben adoptar nuevos hábitos. Por ejemplo, pensemos en la obtención de los frutos del Aguaje, especie clave en la Amazonía peruana. Lo más común es tumbarse la palmera y recoger los frutos del suelo. Sin embargo, se ha logrado convencerlos de que lo mejor es subirse a la palmera (para esto fueron capacitados) y cortar los frutos; así esta queda en pie. Con esta acción que parece simple, se logró educarlos en lo relacionado a la conservación de la diversidad biológica.

Empero, cuando se recolecta el Aguaje de esta manera, el trabajo es mucho más duro, más caro y más lento. Y esto puede traer las ya mencionadas frustraciones por lo siguiente: imaginemos que un GM obtenga, de manera responsable, diez sacos con frutos de Aguaje y los quiera vender en el puerto de Nauta a, digamos, S/. 20 cada saco. Será difícil competir con otros vendedores que ofrecen cada saco a S/. 10, ya que les ha salido más barata su cosecha porque se han tumbado las palmeras, no han gastado mucho en mano de obra, no demoran mucho y no han tenido que adentrarse al monte. ¿Cómo competir con estos irresponsables vendedores? Complicado.



Actualmente, con lo avanzado, el panorama es otro, pues los GM pueden hacer contratos comerciales con empresas que deseen contribuir con la conservación del entorno y que sí estén dispuestas a pagar precios más justos. No obstante, uno de los retos sigue siendo encontrar a estos compradores responsables que deseen colaborar indirectamente con la preservación del medio ambiente y con la mejora de la calidad de vida de los GM y de sus familias. Con todo esto, el círculo terminaría de cerrarse.

Estamos bien encaminados, pese a que aún deben ser sorteadas algunas dificultades, propias de cualquier emprendimiento económico con flora y fauna. El rumbo está definido y es claro; las ganas, los conocimientos y el entusiasmo están; el Estado, los GM, la Sociedad Civil y sus aliados están comprometidos con esta misión y tenemos buenos resultados. Entonces, señoras y señores, sigamos avanzando.

No hay comentarios:

Publicar un comentario