viernes, 15 de agosto de 2014

Tácticas para poner fin a cualquier discusión.

Phronesis

Cuando convivimos mucho tiempo con una persona, ya sea nuestra pareja, nuestro compañero de piso o nuestro jefe, es inevitable que surjan discrepancias. Discutir de vez en cuando no tiene por qué ser malo. Después de un encontronazo dialéctico se puede llegar a una conclusión que satisfaga a ambas partes. Pero si las broncas son constantes, la relación acabará por enturbiarse sin remedio.





Un grupo de investigadores de la Brigham Young University estudió el comportamiento de un nutrido grupo de parejas durante 20 años, y llegó a la conclusión de que, cuántas más discusiones había, menos duraba la relación, y viceversa.

Ya que es inevitable discutir de vez en cuando, lo decisivo es aprender a que las peleas no vayan a más, solucionando los conflictos en cuanto estos aparezcan. Para ello, la psicóloga Lisa Firestone ha desarrollado un procedimiento que, asegura, funciona muy bien entre las personas que acuden a su terapia: la técnica del desarme unilateral.

Debemos evitar por todos los medios que la discusión se salga de quicio y acabemos diciendo cosas de las que luego vayamos a arrepentirnos
La doctora parte de la idea de que, cuando estalla una bronca, se crea un resentimiento que no nos deja ver la situación en conjunto, y nos impide valorar las posibles soluciones. Empezamos entonces a lanzarnos reproches, sin tener en cuenta las consecuencias de nuestro comportamiento. Por ello, Firestone propone que aprendamos a “desarmarnos”, evitando discutir acaloradamente, para no decir cosas de la que luego vamos a arrepentirnos.

Aunque la psicóloga enseña la técnica del desarme unilateral a las parejas, ésta se puede usar perfectamente en cualquier tipo de discusión. Estos son los cinco pasos que debes seguir para resolver cualquier discusión que se vaya de las manos.

1. Relájate


Las discusiones más absurdas (que pueden acabar convirtiéndose en las más peligrosas) surgen sencillamente porque estamos cansados, nerviosos, estresados (o puede que hambrientos), y en muchas ocasiones, todo al mismo tiempo. Nuestro compañero nos dice algo que nos molesta y saltamos a cuchillo, sin pensar fríamente lo que vamos a decir. En estos momentos es esencial que aprendamos a relajarnos, quizás yendo a dar un paseo, contando hasta diez o, sencillamente, pensando bien las cosas antes de abrir la boca. No pienses en lo que ha hecho o dicho la otra persona, piensa en lo que vas a decir tú. Verás enseguida como se rebaja la tensión.

2. No devuelvas el golpe


Como explicaba el lingüista Sebastià Serrano en una entrevista con El Confidencial, “jugar a enfadarse es muy fácil”, y pude acabar muy mal. “En el momento en que hay expresiones de menosprecio ya no hay prácticamente vuelta atrás”, asegura Serrano. “Y es tan fácil que aparezcan… Si le dices un exabrupto a la pareja vas a necesitar tres halagos fuertes para reequilibrar la situación. A veces se consigue, pero otras no”.

Por ello, cuando la persona con la que estamos discutiendo entra en barrena, lo más inteligente es echar el freno y no entrar al trapo. Un buen truco es hablar de lo que has hecho, y por qué lo has hecho, sin entrar a valorar el comportamiento de la otra persona. No tiene sentido querer “ganar” una discusión si la persona con la que estamos hablando es muy cercana. Es más importante conservar la amistad que tener razón; si la tienes, el tiempo te la acabará dando y tu compañero lo reconocerá.

3. Responde amablemente


En la comunicación interpersonal las formas son en ocasiones más importantes que el fondo. Cuando estalle una discusión trata siempre de bajar el tono, explicando las cosas de la forma más delicada posible, sin exabruptos. Bajar las armas no implica renunciar a lo que crees, ni rehusar a defender tus opiniones (que son tan validas como las de la persona con la que estás discutiendo), sólo supone tomar una posición que no es percibida como amenazante y que va a hacer que la persona con la que tienes un conflicto se relaje y sea, también, más comprensiva.

En ocasiones, un pequeño acto de afecto es suficiente para desarmar a tu compañero, algo que es de lo más efectivo si se trata de tu pareja. Basta cogerle de la mano, mirarle a los ojos y decir que le quieres para que la discusión cambie por completo.



4. Empatiza


Para resolver una discusión es muy importante que escuchemos con atención lo que nuestro compañero tiene que decirnos. Puede que no estés de acuerdo, pero es importante que la otra persona sienta que la estemos escuchando. La técnica del desarme unilateral no implica aceptar siempre lo que dice la persona con la que discutimos, como si no importara nuestra opinión, pero implica estar dispuesto a renunciar a tener siempre la razón, con el fin de resolver el conflicto.

Si mostramos comprensión por lo que dice la otra persona, y aceptamos que es cierto al menos algo de lo que dice (los desacuerdos no suelen ser nunca del 100%), habremos dado un gran paso.

5. Comunica lo que sientes


Cuando discutimos solemos construir nuestras argumentaciones en torno a cosas concretas, cuando en realidad todo nuestro malestar surge de una serie de sentimientos que, a menudo, no sabemos comunicar. Aprender a expresar lo que sentimos, por encima del conflicto concreto, es decisivo para resolver esta discusión y muchas de las que están por venir. Los sentimientos son independientes de los hechos, pero son realidades que están ahí, y son decisivas. Sólo si expresamos lo que sentimos, la persona con la que discutimos sabrá entender lo que realmente pensamos, y será mucho más comprensiva con nuestra situación.

Por: Miguel Ayuso - elconfidencial.com

No hay comentarios:

Publicar un comentario